Chaplin, espíritu gitano

Título original: Chaplin. The Spirit of the Tramp

Dirección: Carmen Chaplin

Producción: Basque Films, Wave of Humanity, Constellation Productions, Atlantic Pictures, Atlántika Films

Nacionalidad: España, Reino Unido, Países Bajos, Francia

Año: 2024

Formato: documental

Palabras clave: autorrepresentación, Charles Chaplin, familia, flamenco

Duración: 90 min

Romipén: Si

Sinopsis:

Este documental biográfico explora la identidad gitana de Charles Chaplin como un subterfugio para abordar la compleja relación entre el cineasta universal y su hijo Charles.

Comentario crítico:

La idea para esta coproducción europea partió de Michael Chaplin, hijo de Charles y progenitor de la directora, Carmen Chaplin, que se enfrentó aquí a su primer largometraje. En cierta forma puede decirse que la película es, hasta cierto punto, un proyecto familiar, ya que también intervino en ella como productora otra nieta de Chaplin, Dolores.

El documental aborda la reconciliación póstuma de Michael con ese padre que no supo entenderle. Y, en ese sentido, se trata de una película emotiva y de tema universal. El uso de las filmaciones domésticas, si bien no son en su mayoría inéditas, ofrece un retrato íntimo del cineasta; mientras que las bellas secuencias de animación reconstruyen las difíciles circunstancias a las que tuvo que enfrentarse Charles Chaplin en su niñez y cuyo trauma arrastró toda su vida.

A pesar de la intención declarada de abordar la identidad gitana de Charles Chaplin a partir de voces gitanas, el resultado no es del todo satisfactorio. El largo proceso de la película hasta su estreno y los sucesivos cambios de guion durante esa década (entre los guionistas se halla Isaki Lacuesta, director de títulos con elenco gitano como La leyenda del tiempo o Entre dos aguas) hacen que se desdibuje el objetivo original de ofrecer una la lectura de la obra del cineasta en clave romaní. Sobreviven, no obstante, algunos apuntes. La película está dedicada a los gitanos de Black Patch (Birmingham), área de asentamientos romaníes en el que se cree nació Chaplin. Por otro lado, las escenas de Charlot sugieren una reinterpretación del personaje como paria social, hostigado por la policía, pero que teje redes de solidaridad con aquellos tan desafortunados como él. Este tipo de experiencias ponen en valor las estrategias resistencia que han caracterizado al Pueblo Gitano.

Sin embargo, resulta llamativo que apenas hay referencias sobre los gitanos británicos o sobre turbulento contexto de los gitanos europeos de entreguerras. Por ejemplo, pese a que se muestra la famosa escena de El gran dictador en la que Chaplin se burla de Hitler, no se recuerda el papel de este último en el exterminio romaní (Porrajmos). Igualmente, las pinturas de la artista gitana Ceija Stojka, superviviente de tres campos de concentración nazi, no se contextualizan para mencionar este otro genocidio europeo.

Si bien se percibe un esfuerzo por entrevistar a gitanos pertenecientes a variadas disciplinas artísticas, sus aportaciones añaden poca cosa a la tesis de la que parte el documental. El ganador a Mejor director en Cannes por Exils, Tony Gatlif, tiene una breve intervención en la que se le escucha decir que «ni los gitanos saben de dónde proceden», algo que, obviamente, es difícil de sostener. Otros artistas romaníes entrevistados son Lita Cabellut -directora artística de la película- o Damian Le Bas, quizá el único que reflexiona con mayor profundidad sobre los modos de representación de lo gitano. También se entrevista al músico holandés Stochelo Rosenberg y a Farruquito, quien se desenvuelve en inglés para definir el «duende», pero a ninguno le preguntan específicamente por Chaplin.

La participación de otros profesionales no gitanos, si bien relacionados con el ámbito cinematográfico, tampoco parece estar justificada. Tal es el caso de la aparición de Johnny Depp, cuyo único mérito para aparecer en la película es haber interpretado este tipo de personajes y poseer una caravana; o Emir Kusturica (director de El tiempo de los gitanos y Gato negro, gato blanco) a quien Michael Chaplin pide aprobación sobre el grado de “gitanidad” de la obra de Chaplin.

Con todo, la película ofrece la oportunidad para reflexionar sobre la invisibilidad de la identidad gitana incluso en los artistas universalmente más queridos. Mientras las artes están repletas de la iconografía supuestamente gitana creada por personas que no lo son, el que se descubran las raíces romaníes de artistas y cineastas prestigiosos nos permite un primer paso para trazar una genealogía gitana de artista y releer el mundo a través de su mirada.

Lidia Merás

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